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Mis proyectos reflejan una conexión profunda con un estilo libre y lúdico, donde la poesía visual cobra vida. A través de mi trabajo, busco crear armonía en un mundo que a menudo parece caótico, encontrando equilibrio entre la imaginación y la materia.
Para lograrlo, recurro a métodos artesanales minuciosos, permitiendo que los materiales se expresen por sí mismos: sus texturas, sus huellas, sus movimientos naturales. Cada pieza surge de un diálogo íntimo entre la materia y mi propia sensibilidad.
Mi proceso creativo parte de la introspección y se abre hacia el otro, invitando a compartir percepciones y emociones en torno a la infancia, la feminidad y los espacios que habitamos. Me interesa la relación con la naturaleza y su carga simbólica, ese vínculo espiritual que nos conecta con lo esencial.
El resultado son piezas que hablan de estados de ánimo, de fragilidad y vulnerabilidad, reflejando nuestra conexión con el mundo. Cada obra es única, irrepetible, como una huella de mi ser. Creo que la cerámica tiene el don de conectar con lo auténtico, con lo eterno, con aquello que trasciende el tiempo.
Cada pieza está hecha para ser amada, atesorada y compartida.
Desde mis inicios en la cerámica, he explorado la creación de figuras que evocan la fantasía, la ternura y la infancia, siempre envueltas en una atmósfera onírica donde la fuerza de la naturaleza se manifiesta. Sin embargo, mi búsqueda creativa no se detiene en la repetición; me impulsa a descubrir nuevas formas, texturas y expresiones.
Aquí no hay límites ni etiquetas, cada obra es una oportunidad para reinventar el lenguaje visual y dar espacio a la espontaneidad. Rompo con lo preestablecido para permitirme mayor libertad en mis decisiones artísticas, dejando que la intuición guíe el proceso creativo.
A través de formas orgánicas, movimientos sutiles y detalles que evocan la ternura, busco despertar una conexión sincera con quien observa, invitándolo a redescubrir su capacidad de asombro.
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